{"id":1819,"date":"2025-05-01T14:45:30","date_gmt":"2025-05-01T17:45:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/?p=1819"},"modified":"2025-05-04T20:06:21","modified_gmt":"2025-05-04T23:06:21","slug":"1819","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/blog\/2025\/05\/01\/1819\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica de Jos\u00e9 Mart\u00ed.\u00a0Los M\u00e1rtires de Chicago, por Jos\u00e9 Mart\u00ed para La Naci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"251\" height=\"201\" src=\"https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/1000273818.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1820\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/www.laizquierdadiario.com\/Seccion-Juventud\">Juventud<\/a><\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><em>Cr\u00f3nica de Jos\u00e9 Mart\u00ed.<\/em>&nbsp;Los M\u00e1rtires de Chicago, por Jos\u00e9 Mart\u00ed para La Naci\u00f3n<\/h1>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 1 de Mayo no es un feriado m\u00e1s ni una fiesta. Lo estableci\u00f3 la Internacional Socialista en 1889 como jornada universal por las 8 horas de trabajo y en homenaje a los llamados \u00abM\u00e1rtires de Chicago\u00bb, Engel, Spies, Parsons y Fischer, ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Jos\u00e9 Mart\u00ed, como periodista cubri\u00f3 la noticia y su nota fue publicada por el diario La Naci\u00f3n bajo el nombre de \u201cUn drama terrible\u201d. Este es su relato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00e1bado 2 de mayo de 2020&nbsp;17:10<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"420\" height=\"280\" src=\"https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-revuelta-de-haymarket-en-la-que-acusaron-a-los-NLX2LQGV5VB2JBMXNOVMVDTYPI.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1821\" srcset=\"https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-revuelta-de-haymarket-en-la-que-acusaron-a-los-NLX2LQGV5VB2JBMXNOVMVDTYPI.jpg 420w, https:\/\/www.granlogiaregularargentina.org\/glra\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/la-revuelta-de-haymarket-en-la-que-acusaron-a-los-NLX2LQGV5VB2JBMXNOVMVDTYPI-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www-laizquierdadiario-com.cdn.ampproject.org\/ii\/AW\/s\/www.laizquierdadiario.com\/IMG\/arton158002.jpg?1588450248\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><a href=\"whatsapp:\/\/send?text=*Los+M%C3%A1rtires+de+Chicago%2C+por+Jos%C3%A9+Mart%C3%AD+para+La+Naci%C3%B3n*%0AEl+1+de+Mayo+no+es+un+feriado+m%C3%A1s+ni+una+fiesta.+Lo+estableci%C3%B3+la+Internacional+Socialista+en+1889+como+jornada+universal+por+las+8+horas+de+trabajo+y+en+homenaje+a+los+llamados+%22M%C3%A1rtires+de+Chicago%22%2C+Engel%2C+Spies%2C+Parsons+y+Fischer%2C+ahorcados+el+11+de+noviembre+de+1887.+Jos%C3%A9+Mart%C3%AD%2C+como+periodista+cubri%C3%B3+la+noticia+y+su+nota+fue+publicada+por+el+diario+La+Naci%C3%B3n+con+el+nombre+de+%E2%80%9CUn+drama+terrible%E2%80%9D.+Este+es+su+relato.%0Ahttps%3A%2F%2Fwww.laizquierdadiario.com%2FLos-Martires-de-Chicago-por-Jose-Marti-para-La-Nacion%3Futm_source%3Dlid%26utm_medium%3Dwp%26utm_campaign%3Darticle-social-actions\"><\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?s=100&amp;u=https%3A%2F%2Fwww.laizquierdadiario.com%2FLos-Martires-de-Chicago-por-Jose-Marti-para-La-Nacion%3Futm_source%3Dlid%26utm_medium%3Dfb%26utm_campaign%3Darticle-social-actions\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href=\"https:\/\/x.com\/intent\/tweet?text=Los+M%C3%A1rtires+de+Chicago%2C+por+Jos%C3%A9+Mart%C3%AD+para+La+Naci%C3%B3n%20https%3A%2F%2Fwww.laizquierdadiario.com%2FLos-Martires-de-Chicago-por-Jose-Marti-para-La-Nacion%3Futm_source%3Dlid%26utm_medium%3Dtw%26utm_campaign%3Darticle-social-actions,%20v%C3%ADa%20@izquierdadiario\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><\/li>\n\n\n\n<li><a href=\"tg:\/\/msg?text=**Los+M%C3%A1rtires+de+Chicago%2C+por+Jos%C3%A9+Mart%C3%AD+para+La+Naci%C3%B3n**%0AEl+1+de+Mayo+no+es+un+feriado+m%C3%A1s+ni+una+fiesta.+Lo+estableci%C3%B3+la+Internacional+Socialista+en+1889+como+jornada+universal+por+las+8+horas+de+trabajo+y+en+homenaje+a+los+llamados+%22M%C3%A1rtires+de+Chicago%22%2C+Engel%2C+Spies%2C+Parsons+y+Fischer%2C+ahorcados+el+11+de+noviembre+de+1887.+Jos%C3%A9+Mart%C3%AD%2C+como+periodista+cubri%C3%B3+la+noticia+y+su+nota+fue+publicada+por+el+diario+La+Naci%C3%B3n+con+el+nombre+de+%E2%80%9CUn+drama+terrible%E2%80%9D.+Este+es+su+relato.%0Ahttps%3A%2F%2Fwww.laizquierdadiario.com%2FLos-Martires-de-Chicago-por-Jose-Marti-para-La-Nacion%3Futm_source%3Dlid%26utm_medium%3Dtg%26utm_campaign%3Darticle-social-actions\"><\/a><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un drama terrible<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Nueva York, Noviembre 13 de 1887<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se\u00f1or Director de La Naci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni el miedo a las justicias sociales, ni la simpat\u00eda ciega por los que las intentan, debe guiar a los pueblos en sus crisis, ni al que las narra.<br>S\u00f3lo sirve dignamente a la libertad el que, a riesgo de ser tomado por su enemigo, la preserva sin temblar de los que la comprometen con sus errores. No merece el dictado de defensor de la libertad quien excusa sus vicios y cr\u00edmenes por el temor mujeril de parecer tibio en su defensa.<br>Ni merecen perd\u00f3n los que, incapaces de domar el odio y la antipat\u00eda que el crimen inspira, juzgan los delitos sociales sin conocer y pesar las causas hist\u00f3ricas de que nacieron, ni los impulsos de generosidad que los producen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En procesi\u00f3n solemne, cubiertos los f\u00e9retros de florea y los rostros de sus sectarios de luto, acaban de ser llevados a la tumba los cuatro anarquistas que sentenci\u00f3 Chicago a la horca, y el que por no morir en ella hizo estallar en su propio cuerpo una bomba de dinamita que llevaba oculta en los rizos espesos de su cabello de joven, su selvoso cabello casta\u00f1o.<br>Acusados de autores o c\u00f3mplices de la muerte espantable de uno de los polic\u00edas que, intim\u00f3 la dispersi\u00f3n del concurso reunido, para protestar contra la muerte de seis obreros, a manos de la polic\u00eda, en el ataque a la \u00fanica f\u00e1brica que trabajaba a pesar de la huelga: acusados de haber compuesto y ayudado a lanzar, cuando no lanzado, la bomba del tama\u00f1o de una naranja que tendi\u00f3 por tierra las filas delanteras de los polic\u00edas, dej\u00f3 a uno muerto, caus\u00f3 despu\u00e9s la muerte a seis m\u00e1s y abri\u00f3 en otros cincuenta heridas graves, el juez, conforme al veredicto del jurado, conden\u00f3 a uno de los reos a quince a\u00f1os de penitenciar\u00eda y a pena de horca a siete.<br>Jam\u00e1s, desde la guerra del Sur, desde los d\u00edas tr\u00e1gicos en que John Brown muri\u00f3 como criminal por intentar solo en Harper\u2019s Ferry lo que como corona de gloria intent\u00f3 luego la naci\u00f3n precipitada por su bravura, hubo en los Estados Unidos tal clamor e inter\u00e9s alrededor de un cadalso.<br>La rep\u00fablica entera ha peleado, con rabia semejante a la del lobo, para que los esfuerzos de un abogado ben\u00e9volo, una ni\u00f1a enamorada de uno de los presos, y una mestiza de india y espa\u00f1ol, mujer de otro, solas contra el pa\u00eds iracundo, no arrebatasen al cadalso los siete cuerpos humanos que cre\u00eda esenciales a su mantenimiento.<br>Amedrentada la rep\u00fablica por el poder creciente de la casta llana, por el acuerdo s\u00fabito de las masas obreras, contenido s\u00f3lo ante las rivalidades de sus jefes, por el deslinde pr\u00f3ximo de la poblaci\u00f3n nacional en las dos clases de privilegiados y descontentos que agitan las sociedades europeas, determin\u00f3 valerse por un convenio t\u00e1cito semejante a la complicidad, de un crimen nacido de sus propios delitos tanto como del fanatismo de los criminales, para aterrar con el ejemplo de ellos, no a la chusma adolorida que jam\u00e1s podr\u00e1 triunfar en un pa\u00eds de raz\u00f3n, sino a las tremendas capas nacientes. El horror natural del hombre libre al crimen, junto con el acervo encono del irland\u00e9s desp\u00f3tico que mira a este pa\u00eds como suyo y al alem\u00e1n y eslavo como su invasor, pusieron de parte de los privilegios, en este proceso que ha sido una batalla, una batalla mal ganada e hip\u00f3crita, las simpat\u00edas y casi inhumana ayuda de los que padecen de los mismos males, el mismo desamparo, el mismo bestial trabajo, la misma desgarradora miseria cuyo espect\u00e1culo constante encendi\u00f3 en los anarquistas de Chicago tal ansia de remediarlos que les embot\u00f3 el juicio.<br>Avergonzados los unos y temerosos de la venganza b\u00e1rbara los otros, acudieron, ya cuando el carpintero ensamblaba las vigas del cadalso, a pedir merced al gobernador del Estado, anciano flojo rendido a la s\u00faplica y a la lisonja de la casta rica que le ped\u00eda que, aun a riesgo de su vida, salvara a la sociedad amenazada.<br>Tres voces nada m\u00e1s hab\u00edan osado hasta entonces interceder, fuera de sus defensores de oficio y sus amigos naturales; por los que, so pretexto de una acusaci\u00f3n concreta que no lleg\u00f3 a probarse, so pretexto de haber procurado establecer el reino del terror, mor\u00edan v\u00edctimas del terror social: Howells, el novelista bostoniano que al mostrarse generoso sacrific\u00f3 fama y amigos; Adler, el pensador cauto y robusto que vislumbra en la pena de nuestro siglo el mundo nuevo; y Train, un noman\u00edaco que vive en la plaza p\u00fablica dando pan a los p\u00e1jaros y hablando con los ni\u00f1os.<br>Ya, en danza horrible, murieron dando vueltas en el aire, embutidos en sayones blancos.<br>Ya, sin que haya m\u00e1s fuego en las estufas, ni m\u00e1s pan en las despensas, ni m\u00e1s justicia en el reparto social, ni m\u00e1s salvaguardia contra el hambre de los \u00fatiles, ni m\u00e1s luz y esperanza para los tugurios, ni m\u00e1s b\u00e1lsamo para todo lo que hierve y padece, pusieron en un ata\u00fad de nogal los pedazos mal juntos del que, creyendo dar sublime ejemplo de amor a los hombres avent\u00f3 su vida, con el arma que crey\u00f3 revelada para redimirlos. Esta rep\u00fablica, por el culto desmedido a la riqueza, ha ca\u00eddo, sin ninguna de las trabas de la tradici\u00f3n, en la desigualdad, injusticia y violencia de los pa\u00edses mon\u00e1rquicos.<br>Como gotas de sangre que se lleva la mar eran en los Estados Unidos las teor\u00edas revolucionarias del obrero europeo, mientras con ancha tierra y vida republicana, ganaba aquel reci\u00e9n llegado el pan, y en su casa propia pon\u00eda de lado una parte para la vejez.<br>Pero vinieron luego la guerra corruptora, el h\u00e1bito de autoridad y dominio que es su dejo amargo, el cr\u00e9dito que estimul\u00f3 la creaci\u00f3n de fortunas colosales y la inmigraci\u00f3n desordenada, y la holganza de los desocupados de la guerra, dispuestos siempre, por sostener su bienestar y por la afici\u00f3n fatal del que ha olido sangre, a servir los intereses impuros que nacen de ella.<br>De una apacible aldea pasmosa se convirti\u00f3 la rep\u00fablica en una monarqu\u00eda disimulada.<br>Los inmigrantes europeos denunciaron con renovada ira los males que cre\u00edan haber dejado tras s\u00ed en su tir\u00e1nica patria.<br>El rencor de los trabajadores del pa\u00eds, al verse v\u00edctimas de la avaricia y desigualdad de los pueblos feudales, estall\u00f3 con m\u00e1s fe en la libertad que esperan ver triunfar en lo social como triunfa en lo pol\u00edtico.<br>Habituados los del pa\u00eds a vencer sin sangre por la fuerza del voto, ni entienden ni excusan a los que, nacidos en pueblos donde el sufragio es un instrumento de la tiran\u00eda, s\u00f3lo ven en su obra despaciosa una faz nueva del abuso que flagelan sus pensadores, desaf\u00edan sus h\u00e9roes, y maldicen sus poetas. Pero, aunque las diferencias esenciales en las pr\u00e1oticas pol\u00edticas y el desacuerdo y rivalidad de las razas que va se disputan la supremac\u00eda en esta parte del continente, estorbasen la composici\u00f3n inmediata de un formidable partido obrero con un\u00e1nimes m\u00e9todos y fines, la identidad del dolor aceler\u00f3 la acci\u00f3n concertada de todos los que lo padecen, y ha sido neasario un acto horrendo, por mas que fuese consecuenia natural de las pasiones encendidas, para que los que arrancan con invencible \u00edmpetu de la misma desventura interrumpan su labor, su labor de desarraigar y recomponer, mientras quedan por su ineficacia condenados los recursos sangrientes de que por un amor insensato a la justicia echan mano los que han perdido fe en la libertad.<br>En el Oeste reci\u00e9n nacido, donde no pone tanta traba a los elementos nuevos la influencia imperante de una sociedad antigua, como la del Este, reflejada en su literatura y en sus h\u00e1bitos; donde la vida como m\u00e1s rudimentaria facilita el trato \u00edntimo entre los hombres, m\u00e1s fatigados y dispersos en las ciudades de mayor extensi\u00f3n y cultura; donde la misma rapidez asombrosa del crecimiento, acumulando los palacios de una parte y las factor\u00edas, y de otra la miserable muchedumbre, revela a las claras la iniquidad del sistema que castiga al m\u00e1s laborioso con el hambre, al m\u00e1s generoso con la persecuci\u00f3n, al padre \u00fatil con la miseria de sus hijos, -en el Oeste, donde se juntan con su mujer y su prole los obreros necesitados a leer los libros que ense\u00f1an las causas y proponen los remedios de su desdicha; donde justificados a sus propios ojos por el \u00e9xito de sus f\u00e1bricas majestuosas, extreman los due\u00f1os, en el precipicio de la prosperidad, los m\u00e9todos injustos y el trato \u00e1spero con que la sustentan; donde tiene en fermento a la masa obrera la levadura alemana, que sale del pa\u00eds imperial, acosada e inteligente, vomitando sobre la patria inicua las tres maldiciones terribles de Heine; en el Oeste y en su metr\u00f3poli Chicago sobre todo, hallaron expresi\u00f3n viva los descontentos de la masa obrera, los consejos ardientes de sus amigos, y la rabia amontonada por el descaro e inclemencia de sus se\u00f1ores.<br>Y como todo tiende a la vez a lo grande y a lo peque\u00f1o, tal como el agua que va de mar a vapor y de vapor a mar, el problema humano, condensado en Chicago por la merced de las instituciones libres, a la vez que infund\u00eda miedo o esperanza por la rep\u00fablica y el mundo, se convert\u00eda, en virtud de los sucesos de la ciudad y las pasiones de sus hombres, en un problema local, agrio y col\u00e9rico.<br>El odio a la injusticia se trocaba en odio a sus representantes.<br>La furia secular, ca\u00edda por herencia, mordiendo y consumiendo como la lava, en hombres que, por lo f\u00e9rvido de su compasi\u00f3n, ve\u00edanase como entidades sacras, se concentr\u00f3, estimulada por loa resentimientos individuales, sobre los que insist\u00edan en los abusos que la provocan. La mente, puesta a obrar, no cesa; el dolor, puesto a bullir, estalla; la palabra, puesta a agitar, se desordena; la vanidad, puesta a lucir, arrastra; la esperanza, puesta en acci\u00f3n, acaba en el triunfo o la cat\u00e1strofe: \u201c\u00a1para el revolucionario, dijo Saint-Just, no hay m\u00e1s descanso que la tumba!\u201d<br>\u00bfQu\u00e9 revela apenas a las mentes sumas que ven hervir el mundo sentados, con la mano sobre el sol, en la cumbre del tiempo? \u00bfQui\u00e9n que trata con hombres no sabe que, siendo en ellos m\u00e1s la carne que la luz, apenas conocen lo que palpan, apenas vislumbran la superficie, apenas ven m\u00e1s que lo que les lastima o lo que desean; apenas conciben m\u00e1s que el viento que les da en el rostro, o el recurso aparente, y no siempre real, que puede levantar obst\u00e1culo al que cierra el paso a su odio, soberbia o apetito? \u00bfQui\u00e9n que sufre de los males humanos, por muy enfrenada que tenga su raz\u00f3n, no siente que se le inflama y extravia cuando ve de cerca, como si le abofeteasen, como si lo cubriesen de lodo, como si le manchasen de sangre las manos, una de esas miserias sociales que bien pueden mantener en estado de constante locura a los que ven podrirse en ellas a sus hijos y a sus mujeres?<br>Una vez reconocido el mal, el \u00e1nimo generoso sale a buscarle remedio: una vez agotado el recurso pac\u00edfico, el \u00e1nimo generoso, donde labra el dolor ajeno como el gusano en la llaga viva, acude al remedio violento.<br>\u00bfNo lo dec\u00eda lo dec\u00eda Desmoulins? \u201cCon tal de abrazar la libertad, \u00bfqu\u00e9 importa que sea sobre montones de cad\u00e1veres?\u201d<br>Cegados por la generosidad, ofuscados por la vanidad, ebrios por la popularidad, adementados por la constante ofensa, por su impotencia aparente en las luchas del sufragio, por la esperanza de poder constituir en una comarca naciente su pueblo ideal, las cabezas vivas de esta masa col\u00e9rica, educadas en tierras donde el voto, apenas nace, no se salen de lo presente, no osan parecer d\u00e9biles ante los que les siguen, no ven que el \u00fanico obst\u00e1culo en este pueblo libre para un cambio social sinceramente deseado est\u00e1 en la falta de acuerdo de los que lo solicitan, no creen, cansados ya de sufrir, y con la visi\u00f3n del falansterio universal en la mente, que por la paz pueda llegarse jam\u00e1s en el mundo a hacer triunfar la justicia.<br>J\u00fazganse como bestias acorraladas. Todo lo que va creciendo les parece que crece contra ellos. \u201cMi hija trabaja quince horas para ganar quince centavos.\u201d \u201cNo he tenido trabajo este invierno porque pertenezca a una junta de obreros\u201d<br>El juez los sentencia.<br>La polic\u00eda, con el orgullo de la levita de pa\u00f1o y la autoridad, temible en el hombre inculto, los aporrea y asesina.<br>Tienen frio y hambre, viven en casas hediondas.<br>\u00a1Am\u00e9rica es, pues, lo mismo que Europa!<br>No comprenden que ellos son mera rueda del engrane social, y hay que cambiar, para que ellas cambien, todo el engranaje. El jabal\u00ed perseguido no oye la m\u00fasica del aire alegre, ni el canto del universo, ni el andar grandioso de la f\u00e1brica c\u00f3smica: el jabal\u00ed clava las ancas contra un tronco oscuro, hunde el colmillo en el vientre de su perseguidor, y le vuelca el reda\u00f1o.<br>\u00bfD\u00f3nde hallar\u00e1 esa masa fatigada, que sufre cada d\u00eda dolores crecientes, aquel divino estado de grandeza a que necesita ascender el pensador para domar la ira que la miseria innecesaria levanta? Todos los recursos que conciben, ya los han intentado. Es aquel reinado del terror que Carlyle pinta, \u201cla negra y desesperada batalla de los hombres contra su condici\u00f3n y todo lo que los rodea\u201d.<br>Y as\u00ed como la vida del hombre se concentra en la m\u00e9dula espinal, y la de la tierra en las masas volc\u00e1nicas, surgen de entre esas muchedumbres, erguidos y vomitando fuego, seres en quienes parece haberse amasado todo su horror, sus desesperaciones y sus l\u00e1grimas.<br>Del infierno vienen: \u00bfqu\u00e9 lengua han de hablar sino la del infierno?<br>Sus discursos, aun le\u00eddos, despiden centellas, bocanadas de humo, alimentos a medio digerir, vahos rojizos.<br>Este mundo es horrible: \u00a1cr\u00e9ese otro mundo!; como en el Sina\u00ed, entre truenos: como en el Noventa y Tres, de un mar de sangre: \u201c\u00a1mejor es hacer volar a diez hombres con dinamita, que matar a diez hombres, como en las f\u00e1bricas, lentamente de hambre!\u201d<br>Se vuelve a o\u00edr el decreto de Moctezuma: \u201c\u00a1Los dioses tienen sed!\u201d<br>Un joven bello, que se hace retratar con las nubes detr\u00e1s de la cabeza y el sol sobre el rostro, se sienta a una mesa de escribir, rodeado de bombas, cruza las piernas, enciende un cigarro, y como quien junta las piezas de madera de una casa de juguete, explica el mundo justo que florecer\u00e1 sobre la tierra cuando el estampido de la revoluci\u00f3n social de Chicago, s\u00edmbolo de la opresi\u00f3n del universo, reviente en \u00e1tomos.<br>Pero todo era verba, juntas por los rincones, ejercicios de armas en uno que otro s\u00f3tano, circulaci\u00f3n de tres peri\u00f3dicos rivales entre dos mil lectores desesperados y, propaganda de los modos nov\u00edsimos de matar -\u00a1de qu\u00e9 son m\u00e1s culpables los que por vanagloria de libertad la permit\u00edan que los que por violenta generosidad la ejercitaban!<br>Donde los obreros ense\u00f1aron m\u00e1s la voluntad de mejorar su fortuna, m\u00e1s se ense\u00f1\u00f3 por los que la emplean la decisi\u00f3n de resistirlos.<br>Cree el obrero tener derecho a cierta seguridad para lo porvenir, a cierta holgura y limpieza para su casa, a alimentar sin ansiedad los hijos que engendra, a una parte m\u00e1s equitativa en los productos del trabajo de que es factor indispensable, alguna hora de sol en que ayudar a su mujer a sembrar un rosal en el patio de la casa, a alg\u00fan rinc\u00f3n para vivir que no sea un tugurio f\u00e9tido donde, como en las ciudades de Nueva York, no se puede entrar sin bascas. Y cada vez que en alguna forma esto ped\u00edan en Chicago los obreros, combin\u00e1banse los capitalistas, castig\u00e1banlos neg\u00e1ndoles el trabajo que para ellos es la carne, el fuego y la luz; ech\u00e1banles encima la polic\u00eda, ganas siempre de cebar sus porras en cabezas de gente mal vestida; mataba la polic\u00eda a veces a alg\u00fan osado que le resist\u00eda con piedras, o a alg\u00fan ni\u00f1o; reduc\u00edanlos al fin por hambre a volver a su trabajo, con el alma torva, con la miseria enconada, con el decoro ofendido, rumiando venganza.<br>Escuchados s\u00f3lo por sus escasos sectarios, a\u00f1o sobre a\u00f1o ven\u00edan reuni\u00e9ndose los anarquistas, organizados en grupos, en cada uno de los cuales hab\u00eda una secci\u00f3n armada. En sus tres peri\u00f3dicos, de diverso matiz, abogaban p\u00fablicamente por la revoluci\u00f3n social; declaraban, en nombre de la humanidad, la guerra a la sociedad existente; decid\u00edan la ineficacia de procurar una conversi\u00f3n radical por medios pac\u00edficos, y recomendaban el uso de la dinamita, como el arma santa del desheredado, y los modos de prepararla.<br>No en sombra traidora, sino a la faz de los que consideraban sus enemigos se proclamaban libres y rebeldes, para emancipar al hombre, se reconoc\u00edan en estado de guerra, bendec\u00edan el descubrimiento de una sustancia que por su poder singular hab\u00eda de igualar fuerzas y ahorrar sangre, y excitaban al estudio y la fabricaci\u00f3n del arma nueva, con el mismo fr\u00edo horror y diab\u00f3lica calma de un tratado com\u00fan de bal\u00edstica: se ven c\u00edrculos de color de hueso, -cuando se leen estas ense\u00f1anzas, -en un mar de humareda: por la habitaci\u00f3n, llena de sombra, se entra un duende, roe una costilla humana, y se afila las u\u00f1as: para medir todo lo profundo de la desesperaci\u00f3n del hombre, es necesario ver s\u00ed el espanto que suele en calma preparar supera a aquel contra el que, con furor de siglos, se levanta indignado, -es necesario vivir desterrado de la patria o de la humanidad.<br>Los domingos, el americano Parsons, propuesto una vez por sus amigos socialistas para la Presidencia de la Rep\u00fablica, creyendo en la humanidad como en su \u00fanico Dios, reun\u00eda a sus sectarios para levantarles el alma basta el valor necesario a su defensa. Hablaba a saltos, a latigazos, a cuchilladas: lo llevaba lejos de s\u00ed la palabra encendida.<br>Su mujer, la apasionada mestiza en cuyo coraz\u00f3n caen como pu\u00f1ales los dolores de la gente obrera, sol\u00eda, despu\u00e9s de \u00e9l, romper en arrebatado discurso, tal que dicen que con tanta elocuencia, burda y llameante, no se pint\u00f3 jam\u00e1s el tormento de las clases abatidas; rayos los ojos, metralla las palabras, cerrados los dos pu\u00f1os, y luego, hablando de las penas de una madre pobre, tonos dulc\u00edsimos e hilos de l\u00e1grimas.<br>Spies, el director del \u201cArbeiter Zeitung\u201d, escrib\u00eda como desde la c\u00e1mara de la muerte, con cierto fr\u00edo de huesa: razonaba la anarqu\u00eda: la pintaba como la entrada deseable a la vida verdaderamente libre: durante siete a\u00f1os explic\u00f3 sus fundamentos en su peri\u00f3dico diario, y luego la necesidad de la revoluci\u00f3n, y por fin como Parsons en el \u201cAlarm\u201d, el modo de organizarse para hacerla triunfar.<br>Leerlo es como poner el pie en el vac\u00edo. \u00bfQu\u00e9 le pasa al mundo que da vueltas?<br>Spies segu\u00eda sereno, donde la raz\u00f3n m\u00e1s firme siente que le falta el pie. Recorta su estilo como si descascarase un diamante. Narciso f\u00fanebre, se asombra y complace de su grandeza. Ma\u00f1ana le dar\u00e1 su vida una pobre ni\u00f1a, una ni\u00f1a que se prende a la reja de su calabozo como la m\u00e1rtir cristiana se prend\u00eda de la cruz, y \u00e9l apenas dejar\u00e1 caer de sus labios las palabras fr\u00edas, recordando que Jes\u00fas, ocupado en redimir a los hombres, no am\u00f3 a Magdalena.<br>Cuando Spies arengaba a los obreros, desembaraz\u00e1ndose de la levita que llevaba bien, no era hombre lo que hablaba, sino silbo de tempestad, lejano y l\u00fagubre. Era palabra sin carne. Tend\u00eda el cuerpo hacia sus oyentes, como un \u00e1rbol doblado por el hurac\u00e1n: y parec\u00eda de veras que un viento helado sal\u00eda de entre las ramas, y pasaba por sobre las cabezas de los hombres.<br>Met\u00eda la mano en aquellos pechos revueltos y velludos, y les paseaba por ante los ojos, les exprim\u00eda, les daba a oler las propias entra\u00f1as.<br>Cuando la polic\u00eda acababa de dar muerte a un huelguista en una refriega, l\u00edvido sub\u00eda al carro, la tribuna vacilante de las revoluciones, y con el horrendo incentivo su palabra seca reluc\u00eda pronto y caldeaba, como un carcaj de fuego. Se iba luego solo por las calles sombr\u00edas.<br>Engel, celoso de Spies, pujaba por tener al anarquismo en pie de guerra, \u00e9l a la cabeza de una compa\u00f1\u00eda: \u00e9l donde se ense\u00f1aba a cargar el rifle o apuntar de modo que diera en el coraz\u00f3n: \u00e9l, en el s\u00f3tano, las noches de ejercicio, \u201cpara cuando llegue la gran hora\u201d: \u00e9l, con su \u201cAnarchist\u201d y sus conversaciones, acusando a Spies de tibio, por envidia de su pensamiento: \u00e9l solo era el puro, el inmaculado, el digno de ser o\u00eddo: la anarqu\u00eda, la que sin m\u00e1s espera deje a los hombres due\u00f1os de todo por igual, es la \u00fanica buena: perinola el mundo y \u00e9l, -y \u00e9l, el mango: \u00a1bien ir\u00eda el mundo hacia arriba, \u201ccuando los trabajadores tuvieran verg\u00fcenza\u201d, como la pelota de la perinola!<br>El iba de un grupo a otro: \u00e9l asist\u00eda al comit\u00e9 general anarquista, compuesto de delegados de los grupos: \u00e9l tachaba al comit\u00e9 de pusil\u00e1nime y traidor, porque no decretaba \u201ccon los que somos, nada m\u00e1s, con estos ochenta que somos\u201d la revoluci\u00f3n de veras, la que quer\u00eda Parsons, la que llama a la dinamita \u201csustancia sublime\u201d, la que dice a los obreros que \u201cvayan a tomar lo que les haga falta a las tiendas de State Street, que son suyas las tiendas, que todo es suyo\u201d: \u00e9l es miembro del \u201cLehr und Wehr Verein\u201d, de que Spies es tambi\u00e9n miembro, desde que un ataque brutal de la polic\u00eda, que dej\u00f3 en tierra a muchos trabajadores, los provoc\u00f3 a armarse, a armarse para defenderse, a cambiar, como hacen cambiar siempre los ataques brutales, la idea del peri\u00f3dico por el rifle Springfield. Engel era el sol, como su propio rechoncho cuerpo: el \u201cgran rebelde\u201d, el \u201caut\u00f3nomo\u201d.<br>\u00bfY Lingg? No consum\u00eda su viril hermosura en los amorzuelos enervantes que suelen dejar sin jugo al hombre en los a\u00f1os gloriosos de la juventud, sino que criado en una ciudad alemana entre el padre inv\u00e1lido y la madre hambrienta, conoci\u00f3 la vida por donde es justo que un alma generosa la odie. Cargador era su padre, y su madre lavandera, y \u00e9l bello como Tannbauser o Lobengrin, cuerpo de plata, ojos de amor, cabello opulento, ensortijado y casta\u00f1o. \u00bfA qu\u00e9 su belleza, siendo horrible el mundo? Hall\u00f3 su propia historia en la de la clase obrera, y el bozo le naci\u00f3 aprendiendo a hacer bombas. \u00a1Puesto que la infamia llega al riii\u00f3n del globo, el estallido ha de llegar al cielo!<br>Acababa de llegar de Alemania: veintid\u00f3s a\u00f1os cumpl\u00eda: lo que en los dem\u00e1s es palabra, en \u00e9l ser\u00e1 acci\u00f3n: \u00e9l, \u00e9l solo, fabricaba bombas, porque, salvo en los hombres, de ciega energ\u00eda, el hombre, ser fundador, s\u00f3lo para libertarse de ella halla natural dar la muerte.<br>Y mientras Schwab, nutrido en la lectura de los poetas, ayuda a escribir a Spies, mientras Fielden, de bella oratoria, va de pueblo en pueblo levantando las almas al conocimiento de la reforma venidera, mientras Fischer alienta y Neebe organiza, \u00e9l, en un cuarto escondido, con cuatro compa\u00f1eros, de los que uno lo ha de traicionar, fabrica bombas, como en su \u201cCiencia de la guerra revolucionaria\u201d manda Most, y vendada la boca, como aconseja Spies en el \u201cAlarm\u201d, rellena la esfera mortal de dinamita, cubre el orificio con un casquillo, por cuyo centro corre la mecha que en lo interior acaba en fulminante, y, cruzado de brazos, aguarda la hora.<br>Y as\u00ed iban en Chicago adelantando las fuerzas an\u00e1rquicas, con tal lentitud, envidias y desorden intestinos, con tal diversidad de pensamientos sobre la hora oportuna para la rebeli\u00f3n amada, con tal escasez de sus espantables recursos de guerra, y de los fieros art\u00edfices prontos a elaborarlos, que el \u00fanico poder cierto de la anarqu\u00eda, desmelenada due\u00f1a de unos cuantos corazones encendidos, era el furor que en un instante extremo produjese el desd\u00e9n social en las masas que la rechazan. El obrero, que es hombre y aspira, resiste, con la sabidur\u00eda de la naturaleza, la idea de un mundo donde queda aniquilado el hombre; pero cuando, fusilado en granel por pedir una hora libre para ver a la luz del sol a sus hijos, se levanta del charco mortal apart\u00e1ndose de la frente, como dos cortinas rojas, las crenchas de sangre, puede el sue\u00f1o de muerte de un tr\u00e1gico grupo de locos de piedad, desplegando las alas humeantes, revolando sobre la turba siniestra, con el cad\u00e1ver clamoroso en las manos, difundiendo sobre los torvos corazones la claridad de la aurora infernal, envolver como turbia humareda las almas desesperadas.<br>La ley, \u00bfno los amparaba? La prensa exasper\u00e1ndolos con su odio en vez de aquietarlos con justicia, \u00bfno los popularizaba? Sus peri\u00f3dicos, creciendo en indignaci\u00f3n con el desd\u00e9n y en atrevimiento con la impunidad, \u00bfno circulaban sin obst\u00e1culos? Pues \u00bfqu\u00e9 quer\u00edan ellos, puesto que es claro a sus ojos que se vive bajo abyecto despotismo, que cumplir el deber que aconseja la declaraci\u00f3n de independencia derrib\u00e1ndolo, y sustituirlo con una asociaci\u00f3n libre de comunidades que cambien entre s\u00ed sus productos equivalentes, se rijan sin guerra por acuerdos mutuos y se eduquen conforme a ciencia sin distinci\u00f3n de raza, iglesia o sexo? \u00bfNo se estaba levantando la naci\u00f3n, como manada de elefantes, que dorm\u00eda en la yerba, con sus mismos dolores y sus mismos gritos? \u00bfNo es la amenaza veros\u00edmil del recurso de fuerza, medio probable aunque peligroso, de obtener por intimidaci\u00f3n lo que no logra el derecho? Y aquellas ideas suyas, que se iban atenuando con la cordialidad de los privilegiados tal como con su desaf\u00edo se iban trocando en rifle y dinamita, \u00bfno nac\u00edan de lo m\u00e1s puro de la piedad, exaltada hasta la insensatez por el espect\u00e1culo de la miseria irremediable, y ungida, por la esperanza de tiempos justos y sublimes? \u00bfNo hab\u00eda sido Parsons, el evangelista del jubileo universal, propuesto para la Presidencia de la Rep\u00fablica? \u00bfNo hab\u00eda luchado Spies con ese programa en las elecciones como candidato a un asiento en el Congreso? \u00bfNo les solicitaban los partidos pol\u00edticos sus votos, con la oferta de respetar la propaganda de sus doctrinas? \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan de creer criminales los actos y palabras que les permit\u00eda la ley? Y \u00bfno fueron las fiestas, de sangre de la polic\u00eda, ebria del vino del verdugo como toda plebe revestida de autoridad, las que decidieron a armarse a los m\u00e1s bravos?<br>Lingg, el reci\u00e9n llegado, odiaba con la terquedad del novicio a Spies, el hombre de idea, irresoluto y moroso: Spies, el fil\u00f3sofo del sistema, lo dominaba por aquel mismo entendimiento superior; pero aquel arte y grandeza que a\u00fan en las obras de destrucci\u00f3n requiere la cultura, excitaban la ojeriza del grupo exiguo de irreconciliables, que en Engel, enamorado de Lingg, ve\u00edan su jefe propio. Engel, contento de verse en guerra con el universo, med\u00eda su valor por su adversario.<br>Parsons, celoso de Engel que le emula en pasi\u00f3n, se une a Spies, como el h\u00e9roe de la palabra y amigo de las letras. Fielden, viendo subir en su ciudad de Londres la c\u00f3lera popular cre\u00eda, prendado de la patria cuyo ego\u00edsta amor proh\u00edbe su sistema, ayudar con el fomento de la anarqu\u00eda en Am\u00e9rica el triunfo dif\u00edcil de los ingleses desheredados. Engel: -\u201cha llegado la hora\u201d: Spies: -\u201c\u00bfhabr\u00e1 llegado esta terrible hora?\u201c: Lingg, revolviendo con una p\u00faa de madera arcilla y nitroglicerina: -\u201c\u00a1ya ver\u00e1n, cuando yo acabe mis bombas, si ha llegado la hora!\u201c: Fielden, que ve levantarse, contusa y temible de un mar a otro de los Estados Unidos, la casta obrera, determinada a pedir como prueba de su poder que el trabajo se reduzca a ocho horas diarias, recorre los grupos, unidos s\u00f3lo hasta entonces en el odio a la opresi\u00f3n industrial y a la polic\u00eda que les da caza y muerte, y repite: \u2013 \u201csi, amigos, si no nos dejan ver a nuestros hijos al sol, ha llegado la hora\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces vino la primavera amiga de los pobres; y sin el miedo del fr\u00edo, con la fuerza que da la luz, con la esperanza de cubrir con los ahorros del invierno las primeras hambres, decidi\u00f3 un mill\u00f3n de obreros, repartidos por toda la rep\u00fablica, demandar a las f\u00e1bricas que, en cumplimiento de la ley desobedecida, no excediese el trabajo de las ocho horas legales. \u00a1Quien quiera saber si lo que ped\u00edan era justo, venga aqu\u00ed; v\u00e9alos volver, como bueyes tundidos, a sus moradas inmundas, ya negra la noche; v\u00e9alos venir de sus tugurios distantes, tiritando los hombres, despeinadas y l\u00edvidas las mujeres, cuando a\u00fan no ha cesado de reposar el mismo sol!<br>En Chicago, adolorido y col\u00e9rico, segura de la resistencia que provocaba con sus alardes, alistado el fusil de mot\u00edn, la polic\u00eda, y, no con la calma de la ley, sino con la prisa del aborrecimiento, convidaba a los obreros a duelo.<br>Los obreros, decididos a ayudar por el recurso legal de la huelga su derecho, volv\u00edan la espalda a los oradores l\u00fagubres del anarquismo y a los que magullados por la porra o atravesados por la bala policial, resolvieron, con la mano sobre sus heridas, oponer en el pr\u00f3ximo ataque hierro a hierro.<br>Lleg\u00f3 marzo. Las f\u00e1bricas, como quien echa perros sarnosos a la calle, echaron a los obreros que fueron a presentarles su demanda. En masa, como la orden de los Caballeros del Trabajo lo dispuso, abandonaron los obreros las f\u00e1bricas. El cerdo se pudr\u00eda sin envasadores que lo amortajaran, mug\u00edan desatendidos en los corrales los ganados revueltos; mudos se levantaban, en el silencio terrible, los elevadores de granos que como hilera de gigantes vigilan el r\u00edo. Pero en aquella sorda calma, como el oriflama triunfante del poder industrial que vence al fin en todas las contiendas, sal\u00eda de las segadoras de McCormick, ocupadas por obreros a quienes la miseria fuerza a servir de instrumentos contra sus hermanos, un hilo de humo que como negra serpiente se tend\u00eda, se enroscaba, se acurrucaba sobre el cielo azul.<br>A los tres d\u00edas de c\u00f3lera, se fue llenando una tarde nublada el Camino Negro, que as\u00ed se llama el de McCormick, de obreros airados que sub\u00edan calle arriba, con la levita al hombro, ense\u00f1ando el pu\u00f1o cerrado al hilo de humo: \u00bfno va siempre el hombre, por misterioso decreto, adonde lo espera el peligro, y parece gozarse en escarbar su propia miseria?: \u201c\u00a1all\u00ed estaba la f\u00e1brica insolente, empleando, para reducir a los obreros que luchan contra el hambre y el fr\u00edo, a las mismas v\u00edctimas desesperadas del hambre!: \u00bfno se va a acabar, pues, este combate por el pan y el carb\u00f3n en que por la fuerza del mal mismo se levantan contra el obrero sus propios hermanos?: pues \u00bfno es \u00e9sta la batalla del mundo, en que los que lo edifican deben triunfar sobre los que lo explotan?: \u00a1de veras, queremos ver de qu\u00e9 lado llevan la cara esos traidores!\u201d Y hasta ocho mil fueron llegando, ya al caer de la tarde; sent\u00e1ndose en grupos sobre las rocas peladas; andando en hileras por el camino tortuoso; apuntando con ira a las casuchas m\u00edseras que se destacan, como manchas de lepra, en el \u00e1spero paisaje.<br>Los oradores, que hablan sobre las rocas, sacuden con sus invectivas aquel concurso en que los ojos centellean y se ven temblar las barbas. El orador es un carrero, un fundidor, un alba\u00f1il: el humo de McCormick caracolea sobre el molino: ya se acerca la hora de salida: \u201c\u00a1a ver qu\u00e9 cara nos ponen esos traidores!\u201d: \u201c\u00a1fuera, fuera ese que habla, que es un socialista! . . .\u201d<br>Y el que habla, levantando como con las propias manos los dolores m\u00e1s rec\u00f3nditos de aquellos corazones iracundos, excitando a aquellos ansiosos padres a resistir hasta vencer, aunque los hijos les pidan pan en vano, por el bien duradero de los hijos, el que habla es Spies: primero lo abandonan, despu\u00e9s lo rodean, despu\u00e9s se miran, se reconocen en aquella implacable pintura, lo aprueban y aclaman: \u201c\u00a1\u00e9se, que sabe hablar, para que hable en nuestro nombre con las f\u00e1bricas!\u201d Pero ya los obreros han o\u00eddo la campana de la suelta en el molino: \u00bfqu\u00e9 importa lo que est\u00e1 diciendo Spies?: arrancan todas las piedras del camino, corren sobre la f\u00e1brica, \u00a1y caen en trizas todos los cristales! \u00a1Por tierra, al \u00edmpetu de la muchedumbre, el polic\u00eda que le sale al paso!; \u201c\u00a1aqu\u00e9llos, aqu\u00e9llos son, blancos como muertos, los que por el salario de un d\u00eda ayudan a oprimir a sus hermanos!\u201d \u00a1piedras! Los obreros del molino, en la torre, donde se juntan medrosos, parecen fantasmas: Vomitando fuego viene camino arriba, bajo pedrea rabiosa, un carro de patrulla de la polic\u00eda, uno al estribo vaciando el rev\u00f3lver, otro al pescante, los de adentro agachados se abren paso a balazos en la turba, que los caballos arrollan y atropellan: saltan del carro, f\u00f3rmanse en batalla, y cargan a tiros sobre la muchedumbre que a pedradas y disparos locos se defiende. Cuando la turba acorralada por las patrullas que de toda la ciudad acuden, se asila, para no dormir, en sus barrios donde las mujeres compiten en ira con los hombres, a escondidas, a fin de que no triunfe nuevamente su enemigo, entierran los obreros seis cad\u00e1veres.<br>\u00bfNo se ve hervir todos aquellos pechos? \u00bfjuntarse a los anarquistas? \u00bfescribir Spies un relato ardiente en su \u201cArbeiter Zeitung\u201d? \u00bfreclamar Engel la declaraci\u00f3n de que aqu\u00e9lla es por fin la hora? \u00bfponer Lingg, que meses atr\u00e1s fue aporreado en la cabeza por la patrulla, las bombas cargadas en un ba\u00fal de cuero? \u00bfacumularse, con el ataque ciego de la polic\u00eda, el odio que su brutalidad ha venido levantando? \u201c\u00a1A las armas, trabajadores! dice Spies en una circular fogosa que todos leen estremeci\u00e9ndose: \u201c\u00a1a las armas, contra los que os matan porque ejercit\u00e1is vuestros derechos de hombre!\u201d \u201c\u00a1Ma\u00f1ana nos reuniremos\u201d-acuerdan los anarquistas- \u201cy de manera y en lugar que les cueste caro vencernos si nos atacan!\u201d \u201cSpies, pon ruhe en tu \u201cArbeiter\u201d: Ruhe quiere decir que todos debemos ir armados.\u201d Y de la imprenta del \u201cArbeiter\u201d sali\u00f3 la circular que invitaba a los obreros, con permiso del corregidor, para reunirse en la plaza de Haymarket a protestar contra los asesinatos de la polic\u00eda.<br>Se reunieron en n\u00famero de cincuenta mil, con sus mujeres y sus hijos, a o\u00edr a los que les ofrec\u00edan dar voz a su dolor; pero no estaba la tribuna, como otras veces, en lo abierto de la plaza, sino en uno de sus recodos, por donde daba a dos oscuras callejas. Spies, que hab\u00eda borrado del convite impreso las palabras: \u201cTrabajadores a las armas\u201d, habl\u00f3 de la injuria con c\u00e1ustica elocuencia, mas no de modo que sus oyentes perdieran el sentido, sino tratando con singular moderaci\u00f3n de fortalecer sus \u00e1nimos para las reformas necesarias: \u201c\u00bfEs esto Alemania, o Rusia, o Espa\u00f1a?\u201d dec\u00eda Spies, Parsons, en los instantes mismos en que el corregidor presenciaba la junta sin interrumpirla, declam\u00f3, sujeto por la ocasi\u00f3n grave y lo vasto del concurso, uno de sus editoriales cien veces impunemente publicados. Y en el instante en que Fielden preguntaba en bravo arranque si, puestos a morir, no era lo mismo acabar en un trabajo bestial o caer defendi\u00e9ndose contra el enemigo, -n\u00f3tase que la multitud se arremolina; que la polic\u00eda, con fuerza de ciento ochenta, viene rev\u00f3lver en mano, calle arriba. Llega a la tribuna: intima la dispersi\u00f3n; no cejan pronto los trabajadores; \u201c\u00bfqu\u00e9 hemos hecho contra la paz?\u201d, dice Fielden saltando del carro; rompe la polic\u00eda el fuego.<br>Y entonces se vio descender sobre sus cabezas, caracoleando por el aire, un hilo rojo. Tiembla la tierra; h\u00fandese el proyectil cuatro pies en su seno; caen rugiendo, unos sobre otros, los soldados de las dos primeras l\u00edneas; los gritos de un moribundo desgarran el aire. Repuesta la polic\u00eda, con valor sobrehumano, salta por sobre sus compa\u00f1eros a bala graneada contra los trabajadores que le resisten: \u201c\u00a1huimos sin disparar un tiro!\u201d dicen unos; \u201capenas intentamos resistir\u201d, dicen otros; \u201cnos recibieron a fuego raso\u201d, dice la polic\u00eda. Y pocos instantes despu\u00e9s no hab\u00eda en el recodo funesto m\u00e1s que camillas, p\u00f3lvora y humo. Por zaguanes y s\u00f3tanos escond\u00edan otra vez los obreros a sus muertos. De los polic\u00edas, uno muere en la plaza: otro, que lleva la mano entera metida en la herida, la saca para mandar a su mujer sin \u00faltimo aliento; otro, que sigue a pie, va agujereado de pis a cabeza; y los pedazos de la bomba de dinamita, al rasar la carne, la hab\u00edan rebanado como un cincel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPintar el terror de Chicago, y de la Rep\u00fablica? Spies les parece Robespierre; Engel, Marat; Parsons, Dant\u00f3n. \u00bfQu\u00e9?: \u00a1menos!; \u00e9sos son bestias feroces, Tinvilles, Henriots, Chaumettes, \u00a1los que quieren vaciar el mundo viejo por un ca\u00f1o de sangre, los que quieren abonar con carne viva el mundo! \u00a1A lazo c\u00e1ceseles por las calles, como ellos quisieron cazar ayer a un polic\u00eda! \u00a1sal\u00fadeseles a balazos por dondequiera que asomen, como sus mujeres saludaban ayer a los \u201ctraidores\u201d con huevos podridos! \u00bfNo dicen, aunque es falso, que tienen los s\u00f3tanos llenos de bombas? \u00bfNo dicen, aunque es falso tambi\u00e9n, que sus mujeres, furias verdaderas, derriten el plomo, como aquellas de Par\u00eds que ara\u00f1aban la pared para dar cal con que hacer p\u00f3lvora a sus maridos? \u00a1Quememos este gusano que nos come! \u00a1Ah\u00ed est\u00e1n, como en los motines del Terror, asaltando la tienda de un boticario que denunci\u00f3 a la polic\u00eda el lugar de sus juntas, machacando sus frascos, muriendo en la calle como perros, envenenados con el vino de colchydium! \u00a1Abajo la cabeza de cuantos la hayan asomado! \u00a1A la horca las lenguas y los pensamientos! Spies, Schwab y Fischer caen presos en la imprenta, donde la polic\u00eda halla una carta de Johann Most, carta de sapo, rastrera y babosa, en que trata a Spies como \u00edntimo amigo, y le habla de las bombas, de \u201cla medicina\u201d, y de un rival suyo, de Paulus el Grande \u201cque anda que se lame por los pantanos de ese perro peri\u00f3dico de Shevitch\u201d. A Fielden, herido, lo sacan de su casa. A Engel y a Neebe, de su casa tambi\u00e9n. Y a Lingg, de su cueva: ve entrar al polic\u00eda; le pone al pecho un rev\u00f3lver, el polic\u00eda lo abraza: y \u00e9l y Lingg, que jura y maldice, ruedan luchando, levant\u00e1ndose, cayendo en el zaquizam\u00ed lleno de tuercas, escoplos y bombas: las mesas quedan sin pie, las sillas sin espaldar; Lingg casi tiene ahogado a su adversario, cuando cae sobre \u00e9l otro polic\u00eda que lo ahoga: \u00a1ni ingl\u00e9s habla siquiera este mancebo que quiere desventar la ley inglesa! Trescientos presos en un d\u00eda. Est\u00e1 espantado el pa\u00eds, repletas las c\u00e1rceles.<br>\u00bfEl proceso? Todo lo que va dicho, se pudo probar; pero no que los ocho anarquistas, acusados del asesinato del polic\u00eda Degan, hubiesen preparado, ni encubierto siquiera, una conspiraci\u00f3n que rematase en su muerte. Los testigos fueron los polic\u00edas mismos, y cuatro anarquistas comprados, uno de ellos confeso de perjurio. Lingg mismo, cuyas bombas eran semejantes, como se vio por el casquete, a la de Haymarket, estaba, seg\u00fan el proceso, lejos de la cat\u00e1strofe. Parsons, contento de su discurso, contemplaba la multitud desde una casa vecina. El perjuro fue quien dijo, y desdijo luego, que vio a Spies encender el f\u00f3sforo con que se prendi\u00f3 la mecha de la bomba. Que Lingg carg\u00f3 -con otro hasta un rinc\u00f3n cercano a la plaza el ba\u00fal de cuero. Que la noche de los seis muertos del molino acordaron los anarquistas, a petici\u00f3n de Engel, armarse para resistir nuevos ataques, y publicar en el \u201cArbeiter\u201d la palabra \u201cruhe\u201d. Que Spies estuvo un instante en el lugar donde se tom\u00f3 el acuerdo. Que en su despacho hab\u00eda bombas, y en una u otra casa rimeros de \u201cmanuales de guerra revolucionaria\u201d. Lo que s\u00ed se prob\u00f3 con prueba plena, fue que, seg\u00fan todos los testigos adversos, el que arroj\u00f3 la bomba era un desconocido. Lo que s\u00ed sucedi\u00f3 fue que Parsons, hermano amado de un noble general del Sur, se presentase un d\u00eda espont\u00e1neamente en el tribunal a compartir la suerte de sus compa\u00f1eros. Lo que si estremece es la desdicha de la leal Nina Van Zandt, que prendada de la arrogante hermosura y dogma humanitario de Spies, se le ofreci\u00f3 de esposa en el dintel de la muerte, y -de mano de su madre, de distinguida familia, cas\u00f3 en la persona de su hermano con el preso; llev\u00f3 a su reja d\u00eda sobre d\u00eda el consuelo de su amor, libros y flores; public\u00f3 con sus ahorros, para allegar recursos a la defensa, la autobiograf\u00eda soberbia y breve de su desposado: y se fue a echar de rodillas a los pies del gobernador. Lo que s\u00ed pasma es la tempestuosa elocuencia de la mestiza Lucy Parsons, que pase\u00f3 los Estados Unidos, aqu\u00ed rechazada, all\u00ed silbada, all\u00e1 presa, hoy seguida de obreros llorosos, ma\u00f1ana de campesinos que la echan como a bruja, despu\u00e9s de catervas crueles de chicuelos, para \u201cpintar al mundo el horror de la condici\u00f3n de castas infelices, mayor mil veces que el de los medios propuestos para terminarlo\u201d. \u00bfEl proceso? Los siete fueron condenados a muerte en la horca, y Neebe a la penitenciar\u00eda, en virtud de un cargo especial de conspiraci\u00f3n de homicidio de ning\u00fan modo probado, por explicar en la prensa y en la tribuna las doctrinas cuya propaganda les permit\u00eda la ley; \u00a1y han sido castigadas en Nueva York, en un caso de excitaci\u00f3n directa a la rebeld\u00eda, con doce meses de c\u00e1rcel y doscientos cincuenta pesos de multa! \u00bfQui\u00e9n que castiga cr\u00edmenes, aun probados, no tiene en cuenta las circunstancias que los precipitan, las pasiones que los aten\u00faan, y el m\u00f3vil con que se cometen? Los pueblos, como los m\u00e9dicos, han de preferir prever la enfermedad, o curarla en sus ra\u00edces, a dejar que florezca en toda su pujanza para combatir el mal desenvuelto por su propia culpa, con medios sangrientos y desesperados.<br>Pero no han de morir los siete. El a\u00f1o pasa. La Suprema Corte, en dictamen indigno del asunto, confirma la sentencia de muerte. \u00bfQu\u00e9 sucede entonces, sea remordimiento o miedo, que Chicago pide clemencia con el mismo \u2018ardor con que pidi\u00f3 antes castigo: que los gremios obreros de la rep\u00fablica env\u00edan al fin a Chicago sus representantes para que intercedan por los culpables de haber amado la causa obrera con exceso; que iguala el clamor de odio de la naci\u00f3n al impulso de piedad de los que asistieron, desde la crueldad que lo provoc\u00f3 al crimen?<br>La prensa entera, de San Francisco a Nueva York, falseando el proceso, pinta a los siete condenados como bestias da\u00f1inas, pone todas las ma\u00f1anas sobre la mesa de almorzar, la imagen de los polic\u00edas despedazados por la bomba; describe sus hogares desiertos, sus ni\u00f1os rubios como el oro, sus desoladas viudas. \u00bfQu\u00e9 hace ese viejo gobernador, que no confirma la sentencia? \u00a1Qui\u00e9n nos defender\u00e1 ma\u00f1ana, cuando se alce el monstruo obrero, si la polic\u00eda ve que el perd\u00f3n de sus enemigos los anima a reincidir en el crimen! \u00a1Qu\u00e9 ingratitud para con la polic\u00eda, no matar a esos hombres! \u201c\u00a1No!\u201c, grita un jefe de la polic\u00eda, a Nina Van Zandt, que va con su madre a pedirle una firma de clemencia sin poder hablar del llanto. \u00a1Y ni una mano recoge de la pobre criatura el memorial que uno por uno, mortalmente p\u00e1lida, les va presentando!<br>\u00bfSer\u00e1 vana la s\u00faplica de F\u00e9lix Adler, la recomendaci\u00f3n de los jueces del Estado, el alegato magistral en que demuestra la torpeza y crueldad de la causa Trumbull? La c\u00e1rcel es jubileo: de la ciudad salen y entran repletos los trenes: Spies, Fielden y Schwab han firmado, a instancias de su abogado, una carta al gobernador donde aseguran no haber intentado nunca recursos de fuerza: los otros no, los otros escriben al gobernador cartas osadas: \u201c\u00a1la libertad, o la muerte, a que no tenemos miedo!\u201d \u00bfSe salvar\u00e1 ese c\u00ednico de Spies, ese implacable Engel, ese diab\u00f3lico Parsons? Fielden y Schwab acaso se salven, porque el proceso dice de ellos poco, y, ancianos como son, el gobernador los compadece, que es tambi\u00e9n anciano.<br>En romer\u00eda van los abogados de la defensa, los diputados de los gremios obreros, las madres, esposas y hermanas de los reos, a implorar por su vida, en recepci\u00f3n interrumpida por los sollozos, ante el gobernador. \u00a1All\u00ed, en la hora real, se vio el vac\u00edo de la elocuencia ret\u00f3rica! \u00a1Frases ante la muerte! \u201cSe\u00f1or, dice un obrero, \u00bfcondenar\u00e1s a siete anarquistas a morir porque un anarquista lanz\u00f3 una bomba contra la polic\u00eda, cuando los tribunales no han querido condenar a la polic\u00eda de Pinkerton, porque uno de sus soldados mat\u00f3 sin provocaci\u00f3n de un tiro a un ni\u00f1o obrero?\u201d S\u00ed: el gobernador los condenar\u00e1; la rep\u00fablica entera le pide que los condene para ejemplo: \u00bfqui\u00e9n puso ayer en la celda de Lingg las cuatro bombas que descubrieron en ella los llaveros?: \u00bfde modo que esa alma feroz quiere morir sobre las ruinas de la c\u00e1rcel, s\u00edmbolo a sus ojos de la maldad del mundo? \u00bfa qui\u00e9n salvar\u00e1 por fin el gobernador Oglesby la vida?<br>\u00a1No ser\u00e1 a Lingg, de cuya celda, sacudida por s\u00fabita explosi\u00f3n sale, como el vapor de un cigarro, un hilo de humo azul! All\u00ed est\u00e1 Lingg tendido vivo, despedazado, la cara un charco de sangre, los dos ojos abiertos entre la masa roja: se puso entre los dientes una c\u00e1psula de dinamita que ten\u00eda oculta en el lujoso cabello, con la buj\u00eda encendi\u00f3 la mecha, y se llev\u00f3 la c\u00e1psula a la barba: lo cargan brutalmente: lo dejan caer sobre el suelo del ba\u00f1o: cuando el agua ha barrido los co\u00e1gulos, por entre los jirones de carne ca\u00edda se le ve la laringe rota, y, como las fuentes de un manantial, corren por entre los rizos de su cabellera, vetas de sangre. \u00a1Y escribi\u00f3! \u00a1Y pidi\u00f3 que lo sentaran! \u00a1Y muri\u00f3 a las seis horas -cuando ya Fielden y Schwab estaban perdonados, cuando convencidas de la desventura de sus hombres, las mujeres, las mujeres sublimes, est\u00e1n llamando por \u00faltima vez, no con flores y frutas como en los d\u00edas de la esperanza, sino p\u00e1lidas como la ceniza, a aquellas b\u00e1rbaras puertas!<br>La primera es la mujer de Fischer: \u00a1la muerte se le conoce en los labios blancos! Lo esper\u00f3 sin llorar: pero \u00bfsaldr\u00e1 viva de aquel abrazo espantoso?: \u00a1as\u00ed, as\u00ed se desprende el alma del cuerpo! El la arrulla, le vierte miel en los o\u00eddos, la levanta contra su pecho, la besa en la boca, en el cuello, en la espalda. \u201c\u00a1Adi\u00f3s!\u201d: la aleja de s\u00ed, y se va a paso firme, con la cabeza baja y los brazos cruzados. Y Engel \u00bfc\u00f3mo recibe la visita postrera de su hija? \u00bfno se querr\u00e1n, que ni ella ni \u00e9l quedan muertos? \u00a1oh, s\u00ed la quiere, porque tiemblan los que se llevaron del brazo a Engel al recordar, como de un hombre que crece de s\u00fabito entre sus ligaduras, la luz llorosa de su \u00faltima mirada! \u201c\u00a1Adi\u00f3s, mi hijo!\u201d dice tendiendo los brazos hacia \u00e9l la madre de Spies, a quien sacan lejos del hijo ahogado, a rastras. \u201c\u00a1Oh, Nina, Nina!\u201d exclama Spies apretando a su pecho por primera y \u00faltima vez a la viuda que no fue nunca esposa: y al borde de la muerte se la ve florecer, temblar como la flor, deshojarse como la flor, en la dicha terrible de aquel beso adorado.<br>No se la llama desmayada, no; sino que, conocedora por aquel instante de la fuerza de la vida y la beldad de la muerte, tal como Ofelia vuelta a la raz\u00f3n, cruza, jacinto vivo, por entre los alcaldes, que le tienden respetuosos la mano. Y a Lucy Parsons no la dejaron decir adi\u00f3s a su marido, porque lo ped\u00eda, abrazada a sus hijos, con el calor y la furia de las llamas.<br>Y ya entrada la noche y todo oscuro en el corredor de la c\u00e1rcel pintado de cal verdosa, por sobre el paso de los guardias con la escopeta al hombro, por sobre el voceo y risas de los carceleros y escritores, mezclado de vez en cuando a un repique de llaves, por sobre el golpeo incesante del tel\u00e9grafo que el \u201cSun\u201d de Nueva York ten\u00eda en el mismo corredor establecido, y culebreaba, re\u00f1\u00eda, se desbocaba, imitando, como una dentadura de calavera, las inflexiones de la voz del hombre, por sobre el silencio que encima de todos estos ruidos se cern\u00eda, o\u00edanse los \u00faltimos martillazos del carpintero en el cadalso. Al fin del corredor se levantaba el cadalso. \u201c\u00a1Oh, las cuerdas son buenas: ya las prob\u00f3 el alcaide!\u201d \u201cEl verdugo halar\u00e1, escondido en la garita del fondo, de la cuerda que sujeta el pestillo de la trampa.\u201d \u201cLa trampa est\u00e1 firme, a unos diez pies del suelo.\u201d \u201cNo: los maderos de la horca no son nuevos: los han repintado de ocre, para que parezcan bien en esta ocasi\u00f3n; porque todo ha de hacerse decente, muy decente.\u201d \u201cS\u00ed, la milicia est\u00e1 a mano: y a la c\u00e1rcel no se dejar\u00e1 acercar a nadie.\u201d \u201c\u00a1De veras que Lingg era hermoso!\u201d Risas, tabacos, brandy, humo que ahoga en sus celdas a los reos despiertos. En el aire espeso y h\u00famedo chisporrotean, cocean, bloquean, las luces el\u00e9ctricas. Inm\u00f3vil sobre la baranda de las celdas, mira al cadalso un gato\u2026 \u00a1cuando de pronto una melodiosa voz, llena de fuerza y sentido, la voz de uno, de estos hombres a quienes se supone fieras humanas, tr\u00e9mula primero, vibrante enseguida, pura luego y serena, como quien ya se siente libre de polvo y ataduras, reson\u00f3 en la celda de Engel, que, arrebatado por el \u00e9xtasis, recitaba \u201cEl Tejedor\u201d de Henry Keine, como ofreciendo al cielo el esp\u00edritu, con los dos brazos en alto:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con ojos secos, l\u00fagubres y ardientes,<br>Rechinando los dientes,<br>Se sienta en su telar el tejedor:<br>\u00a1Germania vieja, tu capuz zurcimos!<br>Tres maldiciones en la tela urdimos;<br>\u00a1Adelante, adelante el tejedor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Maldito el falso Dios que implora en vano,<br>En invierno tirano<br>Muerto de hambre el jay\u00e1n en su obrador!<br>\u00a1En vano fue la queja y la esperanza!<br>Al Dios que nos burl\u00f3, guerra y venganza:<br>\u00a1Adelante, adelante el tejedor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Maldito el falso rey del poderoso<br>Cuyo pecho orgulloso<br>Nuestra angustia mortal no conmovi\u00f3!<br>\u00a1El \u00faltimo dobl\u00f3n nos arrebata,<br>Y como a perros luego el rey nos mata!<br>\u00a1Adelante, adelante el tejedor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Maldito el falso Estado en que florece,<br>Y como yedra crece<br>Vasto y sin tasa el p\u00fablico bald\u00f3n;<br>Donde la tempestad la flor avienta<br>Y el gusano con podre se sustenta!<br>\u00a1Adelante, adelante el tejedor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Corre, corre sin miedo, tela m\u00eda!<br>\u00a1Corre bien noche y d\u00eda<br>Tierra maldita, tierra sin honor!<br>Con mano firme tu capuz zurcimos:<br>Tres veces, tres, la maldici\u00f3n urdimos:<br>\u00a1Adelante, adelante el tejedor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y rompiendo en sollozos se dej\u00f3 Engel caer sentado en su litera, hundiendo en las palmas el rostro envejecido. Muda lo hab\u00eda escuchado la c\u00e1rcel entera, los unos como orando, los presos asomados a los barrotes, estremecidos los escritores y los alcaides, suspenso el tel\u00e9grafo, Spies a medio sentar. Parsons de pie en su celda, con los brazos abiertos, como quien va a emprender el vuelo.<br>El d\u00eda sorprendi\u00f3 a Engel hablando entra sus guardas, con la palabra voluble del condenado a muerte, sobre lances curiosos de su vida de conspirador; a Spies, fortalecido por el largo sue\u00f1o; a Fischer, visti\u00e9ndose sin prisa las ropas que se quit\u00f3 al empezar la noche, para descansar mejor ; a Parsons, cuyos labios se mueven sin cesar, saltando sobre sus vestidos, despu\u00e9s de un corto sue\u00f1o hist\u00e9rico.<br>\u201c\u00a1Oh, Fischer, c\u00f3mo puedes estar tan sereno, cuando el alcaide que ha de dar la se\u00f1al de tu muerte, rojo por no llorar, pasea como una fiera la alcaid\u00eda!\u201d \u2013 \u201cPorque\u201d -responde Fischer, clavando una mano sobre el brazo tr\u00e9mulo del guarda y mir\u00e1ndole de lleno en los ojos \u201ccreo que mi muerte ayudar\u00e1 a la causa con que me despos\u00e9 desde que comenc\u00e9 mi vida, y amo yo m\u00e1s que a mi vida misma, la causa del trabajador, \u00a1y porque mi sentencia es parcial, ilegal e injusta!\u201d \u201c\u00a1Pero, Engel, ahora que son las ocho de la ma\u00f1ana, cuando ya s\u00f3lo te faltan dos horas para morir, cuando en la bondad de las caras, en el afecto de los saludos, en los maullidos l\u00fagubres del gato, en el rastreo de las voces, y los pies, est\u00e1s leyendo que la sangre se te hiela, c\u00f3mo no tiemblas, Engel!\u201d -\u201c\u00bfTemblar porque me han vencido aquellos a quienes hubiera querido yo vencer ? Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallo ahora con morir, para crear un mundo justo. \u00bfQu\u00e9 me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? \u00bfCabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella? \u00a1No: alcaide, no quiero drogas: quiero vino de Oporto!\u201d Y uno sobre otro se bebe tres vasos\u2026 Spies, con las piernas cruzadas, como cuando pintaba para el \u201cArbeiter Zeitung\u201d el universo dichoso, color de llama y hueso, que suceder\u00eda a esta civilizaci\u00f3n de esbirros y mastines, escribe largas cartas, las lee con calma, las pone lentamente en sus sobres, y una u otra vez deja descansar la pluma, para echar al aire, reclinado en su silla, como los estudiantes alemanes, bocanadas y aros de humo: oh, patria, rafs de la vida, que aun a los que te niegan por el amor m\u00e1s vasto a la humanidad, acudes y confortas, como aire y como luz, por mil medios sutiles! \u201cS\u00ed, alcalde, dice Spies, beber\u00e9 un vaso de vino del Rhin!\u201c\u2026 Fischer, Fischer alem\u00e1n, cuando el silencio comenz\u00f3 a ser angustioso, en aquel instante en que en las ejecuciones como en los banquetes callan a la vez, como ante solemne aparici\u00f3n, los concurrentes todos, prorrumpi\u00f3, iluminada la faz por venturosa sonrisa, en las estrofas de \u201cLa Marsellesa\u201d que cant\u00f3 con la cara vuelta al cielo\u2026 Parsons a grandes pasos mide cuarto: tiene delante un auditorio enorme, un auditorio de \u00e1ngeles que surgen resplandecientes de la bruma, y le ofrecen, para que como astro purificante cruce el mundo, la capa de fuego del profeta El\u00edas: tiende las manos, como para recibir el don, vu\u00e9lvese hacia la reja, como para ense\u00f1ar a los matadores de su triunfo: gesticula, argumenta, sacude el pu\u00f1o alzado, y la palabra alborotada al dar contra los labios se le extingue, como en la arena movediza se confunden y perecen las olas.-<br>Llenaba de fuego el sol las celdas de tres de los reos, que rodeados de l\u00f3bregos muros parec\u00edan, como el b\u00edblico, vivos en medio de las llamas, cuando el ruido improviso, los pasos r\u00e1pidos, el cuchicheo ominoso, el alcalde y los carceleros que aparecen a sus rejas, el color de sangre que sin causa visible enciende la atm\u00f3sfera, les anuncian, lo que oyen sin inmutarse, \u00a1que es aqu\u00e9lla la hora!<br>Salen de sus celdas al pasadizo angosto: \u00bfBien?-\u201c\u00a1Bien!\u201d; Se dan la mano, sonr\u00eden, crecen. \u201c\u00a1vamos!\u201d El m\u00e9dico les hab\u00eda dado estimulantes: a Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas: les ci\u00f1en los brazos al cuerpo con una faja de cuero: les echan por sobre la cabeza, como la t\u00fanica de los catec\u00famenos cristianos, una mortaja blanca: \u00a1abajo la concurrencia sentada en hileras de sillas delante del cadalso como en un teatro! Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcalde, l\u00edvido: al lado de cada reo, marcha un corchete. Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atr\u00e1s el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magn\u00edfica la frente: Fischer le sigue, robusto y poderoso, ense\u00f1\u00e1ndose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detr\u00e1s a la manera de quien va a una casa amiga, sacudi\u00e9ndose el say\u00f3n inc\u00f3modo con los talones. Parsons, como si tuviese miedo a no morir, fiero, determinado, cierra la procesi\u00f3n a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa: las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas.<br>Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza, el de Parsons, orgullo radioso; a Engel, que hace re\u00edr con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons, les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las buj\u00edas, las cuatro caperuzas. Y resuena la voz de Spies, mientras est\u00e1n cubriendo las cabezas de sus compa\u00f1eros, con un acento que a los que lo oyen la entra en las carnes: \u201cLa voz que vais a sofocar ser\u00e1 m\u00e1s poderosa en lo futuro, que cuantas palabras pudiera yo decir ahora.\u201d Fischer dice, mientras atiende el corchete a Engel: \u201c\u00a1Este es el momento m\u00e1s feliz de mi vida!\u201d \u201c\u00a1Hurra por la anarqu\u00eda!\u201d dice Engel, que hab\u00eda estado moviendo bajo el sudario hacia el alcaide las manos amarradas. \u201c\u00a1Hombre y mujeres de mi querida Am\u00e9rica\u2026\u201d, empieza a decir Parsons. Una se\u00f1a, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa: Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere: Engel se mece en su say\u00f3n flotante, le sube y baja el pecho como la marejada, y se ahoga: Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborinea: y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores.<br>Y dos d\u00edas despu\u00e9s, dos d\u00edas de escenas terribles en las casas, de desfile constante de amigos llorosos; ante los cad\u00e1veres amoratados, de se\u00f1ales de duelo colgadas en puertas miles bajo una flor de seda roja, de muchedumbres reunidas con respeto para poner a los pies de los ata\u00fades rosas y guirnaldas, Chicago asombrado vio pasar tras las m\u00fasicas f\u00fanebres, a que preced\u00eda un soldado loco agitando como desaf\u00edo un pebell\u00f3n americano, el ata\u00fad de Spies, oculto bajo las coronas; el de Parsons, negro, con catorce artesanos atr\u00e1s que cargaban presentes simb\u00f3licos de flores; el de Fischer, ornado con guirnalda colosal de lirio y clavellinas; los de Engel y Lingg, envueltos en banderas rojas, -y los carruajes de las viudas, recatadas hasta los pies por velos de luto, -y sociedades, gremios, vereins, orfeones, diputaciones, trescientas mujeres en masa, con cresp\u00f3n al brazo, seis mil obreros tristes y descubiertos que llevaban al pecho la rosa encarnada.<br>Y cuando desde el mont\u00edculo del cementerio, rodeado de veinticinco mil almas amigas, bajo el cielo sin sol que all\u00ed corona est\u00e9riles llanuras, habl\u00f3 el capit\u00e1n Black, el p\u00e1lido defensor vestido de negro, con la mano tendida sobre los cad\u00e1veres:-\u201c\u00bfQu\u00e9 es la verdad, -dec\u00eda, en tal silencio que se oy\u00f3 gemir a las mujeres dolientes y al concurso, -\u00bfqu\u00e9 es la verdad que desde que el de Nazareth la trajo al mundo no la conoce el hombre hasta que con sus brazos la levanta y la paga con la muerte?<br>\u00a1Estos no son felones abominables, sedientos de desorden, sangre y violencia, sino hombres que quisieron la paz, y corazones llenos de ternura, amados por cuantos los conocieron y vieron de cerca el poder y la gloria de sus vidas: su anarqu\u00eda era el reinado del orden sin la fuerza: su sue\u00f1o, un mundo nuevo sin miseria y sin esclavitud: su dolor, el de creer que el ego\u00edsmo no ceder\u00e1 nunca por la paz a la justicia: \u00a1oh cruz de Nazareth, que en estos cad\u00e1veres se ha llamado cadalso!\u201d<br>De la tiniebla que a todos envolv\u00eda, cuando del estrado de pino iban bajando los cinco ajusticiados a la fosa, sali\u00f3 una voz que se adivinaba ser de barba espesa, y de coraz\u00f3n grave y agriado: \u201c\u00a1Yo no vengo a acusar ni a ese verdugo a quien llaman alcalde, ni a la naci\u00f3n que ha estado hoy dando gracias a Dios en sus templos porque han muerto en la horca estos hombres, sino a los trabajadores de Chicago, que han permitido que les asesinen a cinco de sus m\u00e1s nobles amigos!\u201c\u2026 La noche, y la mano del defensor sobre aquel hombro inquieto, dispersaron los concurrentes y los hurras: flores, banderas, muertos y afligidos, perd\u00edanse en la misma negra sombra: como de olas de mar ven\u00eda de lejos el ruido de la muchedumbre en vuelta a sus hogares. Y dec\u00eda el \u201cArbeiter Zeitung\u201d de la noche, que al entrar en la ciudad recibi\u00f3 el gent\u00edo \u00e1vido: \u201c\u00a1Hemos perdido una batalla, amigos infelices, pero veremos al fin al mundo ordenado conforme a la justicia: seamos sagaces como las serpientes, e inofensivos como las palomas!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Jos\u00e9 Mart\u00ed<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 1 de enero de 1888<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juventud Cr\u00f3nica de Jos\u00e9 Mart\u00ed.&nbsp;Los M\u00e1rtires de Chicago, por Jos\u00e9 Mart\u00ed para La Naci\u00f3n El 1 de Mayo no es un feriado m\u00e1s ni una fiesta. 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